martes, 4 de agosto de 2015

Librerías con libros de matemáticas en Caracas

“La mejor relación que se puede tener con una ciudad es la nostalgia”.
Jorge Luis Borges.

Muchos caraqueños recuerdan, con la nostalgia de Billo Frometa, el coche de Isidoro, el frontón de Jai ALai, la Suiza y los techos rojos. A veces la nostalgia caraqueña toma forma gastronómica http://cronicadesdewashington.blogspot.com/2013/10/para-que-te-acuerdes-de-tus-andanzas.html y otras veces se recuerdan discotecas. Yo recuerdo con nostalgia muchas cosas de Caracas, una ciudad que, como decía Cabrujas, nunca es la misma. Pero extraño mucho de mi época de estudiante en el IUT-RC y en la UCV las librerías con textos científicos de Caracas, así que recordaré algunas de ellas, las que usualmente visitaba. Voy a empezar con una librería que muchos recordaremos la Técnica Vega, muy próxima a la Plaza de las Tres Gracias y a nuestra alma mater la UCV.
Tenía un segundo piso donde se encontraba una pared repleta de maravillosos libros de matemáticas en español, inglés y francés. Muchos de mis libros los compre allí a unos precios accesibles para un estudiante becado del IUT-RC o un preparador de matemáticas UCV que ganaba 900 bs. Padre e hijo se encargaban de la librería que fue decayendo con el tiempo y en el segundo piso cada vez se encontraban menos cosas ya que en algún momento no continuaron reponiendo los libros que vendían de matemáticas. Ya no existe Técnica Vega, un destino común como veremos a la mayor parte de las librerías científicas de Caracas. 
Otra librería que visitaba con frecuencia era la Librería Profesional en Chacaito, ubicada en la parte norte del CC Chacaito, en un lugar escondido al que se bajaba desde la acera por medio de una escalera. Era como entrar en la cueva del tesoro, varios estantes repletos de joyas. Allí compre mis libros de Natanson de variable real, o mi libro de Análisis Funcional de Riesz y Nagi en la edición de Ungar, NY. Siempre me arrepentiré de no haber comprado los 6 libros de Guelfand  de Teoría de Distribuciones y sus aplicaciones, colección que estaba completa en la Profesional, todavía recuerdo en que tramo y estante estaban esos textos. También estaban los libros de Zygmund y Saks de variable compleja o el de Bari de series trigonométricas. Manejaban la librería un grupo de españoles, no se si eran familiares o no, siempre vestidos de camisa y corbata y que parecían sacados de una película de espionaje. Un día desaparecio y se convirtió como en una película de espías en una venta de repuestos.
Tecniciencia estaba  en la Torre Phelps, Plaza Venezuela la encontrábamos al subir un piso por una escalera poco frecuentada  y no era la franquicia que conocemos ahora mezcla de librería,  juguetería,  discos compactos de variada temática y revistas importadas cada vez más escasas.  Era una sólida librería con un biblioteca hexagonal en su centro repleta de textos de matemática que solíamos circundar varias veces esperando que fuera extraída de la biblioteca de Babel y que apareciese algún texto que hubiéremos omitido en las primeras vueltas. Poco a poco, los maravillosos libros empezaron a convertirse en libros estandar de cálculo, estadística y ecuaciones diferenciales hasta que un día nos informaron que cerraban sus puertas y se iban al CCCT.




A veces no íbamos a una librería específica sino a un pasillo que incluía a muchas, me refiero al pasillo de Ingeniería en la UCV.

Ese pasillo estaba representado por una venta maravillosa de libros de la editorial Mir-Moscu que vendía la señora Graciela en un puesto justo enfrente al cafetín de Ingeniería. Tenia libros de la colección de las Lecciones populares de matemática, los libros de Arnold en francés, aquellos libros de Perelman de Física y Matemática y clásicos como el Kolmogorov-Fomin o el Markusevich de variable compleja. ¿Los precios?,  es mejor olvidarlos para no hacer una comparación dolorosa con la situación actual caracterizada por una muy escasa oferta de libros científicos( se consigue algo de Dover) a unos precios ridículos para un profesor universitario venezolano. Ese pasillo de Ingenieria ha involucionado en una serie de vendedores de software pirata, cedes quemados de regeton y por supuesto de libros de texto usados en carreras con matrículas importantes, libros avanzados de matemática no se consiguen por allí. 

Muchos de los lectores recordaran los libros de Suscriven que traía un alemán llamado Hans que falleció al final de los años ochenta. Muchos libros eran de la gran editorial Springer-Verlag caracterizada por publicar excelentes libros de matemática a nivel de pregrado y postgrado. Después del viernes negro, Hans y sus libros sufrieron los avatares de la devaluación de la moneda y Suscriven desapareció. Pude comprar algunos libros en la Librería Alemana, situada en la Av. Libertador por el Bosque, después les perdí la pista. Un día caminaba por el centro de Caracas, frente al Capitolio buscando buenos libros usados, al llegar a un pequeño puesto en medio de la tradicionales novelas mohosas, selecciones del Readers Digest viejas y algunos periódicos pude ver algo resplandeciente: tres libros de Springer-Verlag en muy buen estado. Me puse a ver su contenido y pregunte inmediatamente su precio. El joven a cargo me dijo, ¿le interesan ese tipo de libros? Mi respuesta fue un corto si. Venga conmigo y yo le seguí, me metió por un puesto de venta de ropa interior femenina, que ocultaba la entrada a uno de esos viejos edificios de centro de Caracas convertidos en depósitos de los buhoneros de la zona. Cual Maxwell Smart, super agente 86, pense si me joden es por una buena causa !libros! Subimos un piso por una escalera con una hermosa baranda de hierro forjado que conocio tiempos mejores y  al llegar al primer piso vi una serie de puertas metálicas, sin pretensión decorativa, cuya única función era proteger la mercancía almacenada. El joven me abrio la puerta y sentí lo que Randolph Carter debio sentir al entrar a la cámara del rey Tut, estantes y estantes llenos de libros de Springer-Verlag de  Matemática. No me importó el calor sofocante, el olor a guardado, el polvo y unos cuantos bichejos distraidos de sus labores cuando yo movía algún libro. Pase varias horas allí, cual ladrón de tumbas escogiendo que libros llevar. Al salir, el joven le puso el precio a los libros dependiendo si tenian o no carátula dura y por el número de páginas, me parecio muy justo su método. Baje hasta el metro de Caracas sosteniendo entre mis manos y la barbilla un montón de libros. Al llegar a mi casa dude en llamar a mis amigos para darles el pitazo, al final los llame. Pronto llegaron otros saqueadores de tesoros al centro de Caracas.


7 comentarios:

  1. hola
    conociste a el señor Tufik, que importaba libros rusos? ,los vendia en su casa

    ResponderEliminar
  2. En la Plaza Diego Ibarra también había una librería que vendía buenos libros de matemática, aunque no como en TecniCiencia o Profesional. Tú estudiaste matemática muchos años después que yo, pero por lo que veo, recorrías las mismas librerías.

    Esta última que comentas nunca la llegué a ver. Evidentemente es más de tus tiempos que de los míos.

    Yo sí conocí (y le compré) a Tufi (pero lo escribía sin 'k'). A él fue que le compré "Bueno... ¿y qué?".

    Otro que también vendía muy buenos libros era un portugués que tenía un local chiquitiquito debajo de las torres de El Silencio (en uno de esos pasajes, no me acuerdo el nombre). Era tan pequeño el local que el tipo tenía los libros amontonados unosobre otros en perfecto desorden. Pero tú le preguntabas por cualquiera y él te lo conseguía. Creo que se fue para Portugal, pero antes (o a su regreso, no sé) estuvo trabajando en la librería de la Diego Ibarra que creo (perdona tantas imprecisiones, pero recuerda mi edad) que se llamaba igual que la plaza.

    ResponderEliminar
  3. Yo conocí al señor Tufi en la UCV y también, cuando se creó la USB, hacía sus ventas de persona a persona en Sartenejas. Libros rusos traducidos al inglés o al francés y algunos al español. En el centro, al sur de la esquina de Sociedad estaba la "University Society" y en Sabana Grande, en la acera sur y a unas dos cuadras del Gran Café había una estupenda librería técnica y media cuadra a la derecha, otra. En estos momentos no me acuerdo de los nombres, pero yo conocí Tecniciencia cuando quedaba en la avenida La Salle, a una cuadra y media al norte del local que instalaron en la Plaza Venezuela. No tenían estanterías, los libros estaban en el suelo y era más que todo de la editorial McGrawHill-Kogakusha. Cuando se instalaron en el CCCT todavía no tenían la idea de hacer una cadena de librerías y al local lo llamaron "Libros Técnicos Tamanaco".

    ResponderEliminar
  4. Esos libros esparcidos por el mundo. Aquí tengo uno de mis primeros libros de texto de Física en Ingenieria ciclo básico. F. BItter, Corrientes, campos, y partículas. Estudió moderno y amplio de la electricidad y la óptica complementado con los conceptos necesarios para fundamentar el estudio de la física atómica. Editorial Reverté, S.A., Barcelona-Buenos Aires, México, MCMLXIV. Comprado en 1965 en la Librería Politecnica, Calle Villa Flora, Local A, Sabana Grande, TELEF.: 710692, CARACAS . Costó 50 bolívares. El libro de carátula verde, me acompaña en mi casa de Berkeley, a un lado de mi escritorio cuando miro la Bahía de San Francisco, California.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esparcidos es correcto pero con un nexo con la ciudad y libreria donde lo comprastes,gracias por tu comentario, no conocía esa librería politécnica

      Eliminar
  5. Muchos libros de texto se compraban a buen precio en OBE, Organización Del Bienestar Estudiantil, situada en la Plaza del Rectorado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, yo compre libros ali por ejemplo mi Dym-McKean de análisis de Fourier lo compre alli por 70 bs,un abrazo

      Eliminar